Filosofía

En las orígenes del concepto de agricultura tal como se ve definido hoy día, se encuentran denunciadas una miscelánea de todas las costumbres y negligencias, las que vienen ocultando la responsabilidad que la vida nos encargó a título de ciudadanos de la tierra.

No parece ser inútil insistir en la arrogancia con la cual, depués de la últime guerra, el concepto de la agricultura química e intensiva se ha venido impuesto como único modelo posible. Cuánto fuimos miopes para aceptar dicho sistema a la vez piramidal y global, basado en una explotación sin límite de nuestros suelos, en un crecimiento material desenfrenado y en un « diktat » del rendimiento, el cual, llevado hasta su extremo, llegó a destruir progresivamente nuestros ecosistemas.

Actualmente, los pesticidas se encuentran en todas partes : en las aguas superficiales, en las aguas subterráneas, aguas lluvias, neblinas, aire, alimentos e, in fine, en el cuerpo humano. Lo que para los utilizadores trae como consecuencias una exagerada ocurrencia de un cierto número de cánceres raros o de enfermedades neurológicas degenerativas, tipo Parkinson. Sin hablar de una baja reconocida de las marcas en cuanto a la cognición.

Todos constituyen elementos a los cuales, desgraciadamente, falta un verdadero estudio prospectivo cuyo amplio análisis estadístico daría materia para reflexionar a los eco-escépticos. De igual manera, la epidemiología vinculada con los pesticidas nos muestra que los problemas de salud pública no se restringen a los solos utilizadores sino también que todas las poblaciones en general se ven afectadas, con un mayor impacto en aquellas que los consumen, inclusive en pequeña cantidad.

Sin embargo, la agrobiología no constituye una invitación hacia un retroceso; todo lo contrario, requiere una armonización de las adquisiciones positivas de la modernidad con la herencia favorable procedente de las innovaciones y experiencias de la tradición, a veces seculares.

Convertirse a la cultura biológica e inclusive biodinámica constituye, más allá de todo lo aquí escrito adelante, adherir a una verdadera filosofía, demostrar su gana entera de construír un paradigma novedoso.

Tal como nos interroga el filósofo Pierre HADOT, no sería que la tierra poseida y amaestrada, cultivada, domesticada y sometida a nuestro genio prometheiano, nos está rogando tener una postura más órfica, más amistosa y más contemplativa, más placentera y más confiada con respeto a ella. Sabemos como definir la potentia pero nos falta pensar en la fragilidad ; pero he aquí que se pone urgente apprenderlo ya que la tierra, reunida y partida en un sistema global, se torna a su vez en un sistema que puede ser destruido, repentinamente, al igual que todo sistema unitario calibrado según una ley única.

La filosofía que nos está vinculando tiene que ser transformativa de la existencia mediante una nueva definición del sitio que ocupa el hombre en el universo. No es suficiente preguntarse acerca del estado del planeta que vamos a traspasar a nuestros hijos, pero si acerca del estado de salud de la mente de aquellos hijos a los cuales vamos à confiar dicho planeta. El egoismo debe dar lugar a una ética normativa : aquella de la virtud, la misma que hace una diferencia entre el « bien común » y los « bienes comunes » mediante el conocimiento de la ley de la naturaleza. El viñador es propietario de su viña, no del espacio en donde se está desarollando. El viñedo, considerado como un patrimonio genético, define las viñas como bienes comunes; sin embargo, el agua, el aire, la capa de ozono, el patrimonio genético, les ideas … se libran del concepto de propiedad. Dicho traspaso del « plus material » al « plus espritual » es el fundamento de la teoría del bien común.

Del olvido que el « todo » tiene más importancia que la « parte » nacieron todas las derivas especulativas y, progresivamente, dicho olvido nos alejó de la mera evidencia que la vigna estaba presente mucho antes de la industria química. El viñador, quien tuvo que someterse a la ley de los pesticidas a título de individuo, tiene que escaparse de ella a título de persona, en otras palabras mediante lo que le caracteriza como una persona : su razón y su voluntad.

Los últimos eco-escépticos deben reconciliarse con la idea que la agrobiología es la única alternativa al envenenamiento sufrido desde decenios. Sus modos de funcionamiento no tienen misticismo y tampoco ocultismo; todo lo contrario, la cultura biológica o biodinámica se refiere à un acercamiento espistemológico entendido en su sentido inicial de teoría del conocimiento considerado en su globalidad y sin limitarlo al conocimiento científico.

En conclusión, de suponer que fuese posible concluir al respecto, es importante insistir con el hecho que no se trata de oponer dos tipos de viticulturas, la una buena y la otra no. Las decisiones por tomarse, en términos de elección de la cultura, son multifactoriales y propias de cada uno. Solo se expresa, en forma sencilla, que el mundo de la cultura biológica y biodinámica, tal como lo hemos vivido desde hace 10 años, volvió a colocarnos en el corazón de nuestro oficio de viñador y que va subyugando las horas anónimas del tiempo astronómico necesario a la transformación del vegetal en horas de pura felicidad vividas en conjunto.